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jueves, 20 de octubre de 2011

Solo hay un buen principio cuando es el principio del fin


El doble álbum blanco se terminó de grabar en octubre de 1968 (…). Los propios Beatles ignoraban hasta qué punto se podría sostener la precaria situación del grupo. A principios del año siguiente iba a salir un álbum con material sobrante (…) pero inevitablemente había que acometer el trabajo de grabar el siguiente disco de verdad. (…) Aquel mes de enero de 1969, y siguiendo más o menos el “sistema” del doble blanco (o sea, el de “cada uno por su lado”), los Beatles diez temas en una serie de sesiones (parcialmente recogidas en la película Let it be) que resultaron ser las más caóticas, deprimentes y sencillamente malas de su historia.


El resultado les pareció a ellos cuatro tan insostenible que, cuando acabaron de grabar "Two of us", el 24 de enero, todos sabían que el grupo estaba acabado. Su inseparable productor, George Martin, no podía idear nada para salvarles (terminarían pidiendo socorro a un gigante que había hecho milagros en la Tamla Motown, Phil Spector, cuyo trabajo –en colaboración con Richard Hewison- decepcionó profundamente a los cuatro). ¿Éste –tan triste, lúgubre, descorazonador y lamentable- era el final? (…)

Pero hubo un milagro. Un giro inesperado de la historia que, sin merma alguna de la verosimilitud (es decir, sin dejar de precipitarse inexorablemente hacia un final que ya nada podía evitar), produjo un último esfuerzo genial y maravilloso. Alguien –probablemente Paul, de cuya incapacidad para acabar ya hemos dicho algo- se negó a terminar de este modo, y los demás comprendieron en seguida. (…) Sólo unos días después de haber perpetrado el crimen que se daría en llamar Let it be y que, para el público en general, sería el últio álbum de los Beatles (porque, fue en efecto, el último en publicarse, pero no el último en grabarse), Lennon y Harrison llegaron al estudio con dos canciones extraordinarias. Y así continuó el goteo hasta el verano de 1969, durante el cual permanecieron muchas horas en Abbey Road, tocando de nuevo juntos, por última vez, como una verdadera banda, desencadenando una tras otra obras maestras de la música pop (…)

De modo que último disco no podía ser uno entre otros: tenía que ser el mejor (y, probablemente, lo es), y todos acudieron a la llamada. Sabían que, por separado, nunca llegarían a hacer nada de un valor siquiera semejante. (…)

Abbey Road es una obra excepcional al menos por esto: porque todos los que participaron en ella ya sabían, desde el principio, que sería la última, que no habría ocasión de rectificar. Esto se percibe desde el comienzo, con una de esas cancines sólidas y rotundas de Lennon que se titula precisamente "Come together": uníos, reuníos, cuajad; parece ironía iniciar el disco de la separación con la consigna de la unidad, pero no lo es, es la invocación de un tipo de conexión (la de una banda tocando junta y bien trabada) que se exige para un buen final. Sólo hay un buen principio cuando es el principio del fin (en los coros de esta canción, Lennon y McCartney cantaron por último vez juntos en un estudio de grabación). Quizá esto no se parecía con tanta claridad en la primera mitad del disco, en donde se suceden los esfuerzos individuales por estar a la altura de las individuales por estar a la altura de las circunstancias (….) Pero en la cota del corte noveno –"You never gime your Money"- de pronto todo se desata y se precipita a partir de uno de esos “fragmentos sueltos” de Paul sobre su adolescencia en Liverpool, en el cual el pasado adquiere el aire meteórico de un futuro que casi se diría eterno.
Ahí ya no estamos solamente ante una prueba más del virtuosismo melódico, vocal e instrumental de McCartney, estamos en presencia de una banda de rock and roll de cuatro músicos tocando y cantando asombrosamente juntos; hasta el ambiente artificial del estudio (…) queda convertido en el de una jam sesión o en el de un “ensayo” particularmente inspirado. Las canciones se suceden unas a otras sin cortes (la mayoría de ellas se grabaron efectivamente así, juntas y seguidas, en el prodigioso mes de julio de 1969 en el que Neil Armstrong pisó la Luna), en un medley que discurre a toda velocidad por una pendiente de gran inclinación e intensidad  (…) a través de la cual se van sorteando los obstáculos como en un slalom gigante, en un campeonato de surf con el viento desatado o en una carrera de automóviles de Fórmula I llena de curvas peligrosas y de derrapes en los límites del equilibrio (…) hasta que un reprise de You never give me… reintroduce el clima de disparadero de gozo en el cual se funden el pasado y el futuro. Aquel sueño en el cual cuatro desertores del college metieron sus mochilas en una limusina y deespegaron a golpe de acelerador no se hizo realidad en el 61, ni en el 63, ni en el 67: se está haciendo reaidad ahora, precisamente hoy, en un “hoy” que no señala el tiempo del calendario sino que construye el sentimiento mágico que alienta en los instrumentos y en las voces voces de los cuatro ángeles atolondrados que no tienen más cultura que la que han podido adquirir de oído, de paso y sobre la marcha. Pero cuando el coro rompe a cantar

                               Booooooyyyyyy, you´re gonna carry that weight                  
                               Carry that weith a long time,

con la voz de Ringo Starr en el primer plano, sabemos que el peso de los Beatles gravitará aún largo tiempo sobre las espaldas de los que ahora se despiden de él con la inmensa alegría de quien se deshace de un fardo demasiado cargado y pisa el acelerador para llegar rápido al final ("The End"), la canción que tenía que haber cerrado el disco y en la cual, tras un magnífico solo de Ringo, las guitarras de Harrison, McCartney y Lennon emprenden un fabuloso combate nacido de la improvisación y en el cual, de nuevo, la singularidad de cada uno de ellos consigue come toghether para hacer sonar por última vez a los Beatles.

Como ya sucedió en el Sgt. Pepper´s, la canción final (…) no es la última. Tras ella suenan los simples y breves compases de "Her Majesty", una especie de nana perversa que formaba parte inicialmente de la suite de "Golden Slumbers", pero que Paul cortó en el último momento para pegarla en este punto extremo. Por esta razón (porque la melodía estaba unidad y encadenada con el resto), la última nota (que a su vez habría sido la primera del siguiente tema) falta, como si se quisiera indicar que a esta historia no se le puede poner un punto final. (…)

JOSÉ LUIS PARDO.
Esto no es música. Introducción al malestar en la cultura de masas.



2 comentarios:

  1. Excelente relato! Da gusto leer cosas así. Y sí, Abbey Road es el mejor disco de los Beatles!

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  2. Muchas gracias, señor Grooveman, aunque el mérito no es nuestro sino del gran José Luis Pardo, es mucho viniendo de usted.

    Recuerdos a su amante. Y nos leemos. ;)

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